Dos semanas para descubrir Japón

Japón

Japón era uno de mis destinos soñados. Un sueño hecho realidad. Si quieres saber el porqué puedes leer también las 19 cosas que tienes que hacer en Japón.

Uno de mis primeros contactos con este país comenzaría de niña, aquellas tardes de sábado en las que íbamos a visitar a los tíos de mi madre: un salón de ensueño, lleno de obras de arte y esculturas por todas partes, nos recibía. Mientras tomábamos el café o la leche con cola cao para los niños, él no hacía más que mirarme, el gran pabellón dorado, frente por frente al sillón donde yo me sentaba, mientras los mayores hablaban de sus cosas y yo volaba de país en país en mi cabeza.

Más tarde, en Inglaterra, tuve la oportunidad de conocer al que sería mi gran amigo Keisuke, el que me enseñaría tantas costumbres y rituales japoneses y al que, al mismo tiempo, yo vería alucinar al comer una cola de toro en un auténtico bar sevillano. Eso sí, creo que él también alucinó cuando me vio por primera vez tomar una sopa japonesa con pescado crudo. Este aprendizaje mutuo no hizo más que alimentar mi admiración por este país y esta cultura. Porque, Keisuke, ¿quién me iba a decir que casi 10 años después de nuestra última despedida, nos volveríamos a reencontrar para que me enseñaras de la mano tu país?

Llegó el momento, ese año se alineaban los astros y yo empezaba a cuadrar fechas y presupuesto para mi partida a Japón. Sin embargo, no podía ser todo tal y como en un principio me hubiera gustado y, por motivos laborales, las tres semanas iniciales se iban reduciendo a dos. Pero, ¿qué más daba? Ya había dicho que ese año me iba a conocer el país del sol naciente, así que ahora empezaba uno de los momentos más divertidos del viaje: la preparación. Porque,  me voy a Japón, sí, pero ¿qué ruta hago en dos semanas?

Tokio
Tokio

Al principio no sabía casi ni por dónde empezar, por lo que decidí abrir el mapa y preguntarle a mi gran amigo Keisuke. Él lo tenía muy claro, y yo que no conocía nada y sabía que todo me iba a impresionar también: dejarme llevar por las recomendaciones de un nativo.

RUTA DE DOS SEMANAS EN JAPÓN

Tokio

La entrada y salida al país la haría desde la capital. Aquí viven de la mano la modernidad con lo tradicional. Una mezcla muy difícil de entender, al menos para un occidental. ¿Cómo es posible que las parejas no sean capaces de ir cogidas de la mano o de darse un beso en público, pero que al mismo tiempo luzcan los modelitos más “in”, con plataformas de infarto y mini faldas del tamaño de la ropa interior?

Sus rascacielos me dejaron impresionada. Luces de neón a todas horas del día se mezclan con bellos jardines verdes donde relajarse y disfrutar de una distendida tarde.

Cruce en Shibuya (Tokio), uno de los más transitados del mundo
Cruce en Shibuya (Tokio), uno de los más transitados del mundo

Barrios tan pintorescos como Akihabara o Shibuya, donde no falta ni la más última tecnología o moda, son puntos para no perderse de la gran capital. De hecho, en Shibuya, más de 2.000 personas atraviesan a cada luz verde del semáforo, el cruce con más volumen de transeúntes del mundo.  Cuando estás allí te preguntarás, ¿pero de dónde sale tanta gente? El encanto de Asakusa, con su templo y sus tiendas tradicionales, o ir de compras por Ginza son experiencias que no os podéis perder.

Monte Fuji y Lago Ashi

Se puede ir perfectamente en una excursión del día desde Tokio. El único impedimento es el tiempo, que casi siempre hay nubes, así que coger la gran foto del Monte Fuji requiere paciencia y suerte. Pero lo logres o no, igualmente estar allí y admirar su belleza te dejará boquiabierto.

Atravesar en barco el lago Ashi te trasladará a un lugar mágico. Donde parece que empieza todo, donde ni te puedes imaginar que a escasos kilómetros haya luces y gente a rebosar.

Desconecta, piensa en ese momento, en cómo la naturaleza nos regala increíbles instantes.

Lago Ashi
Lago Ashi

Yokohama

Ciudad portuaria próxima a Tokio y segunda ciudad más habitada. Yo fui de la mano de Keisuke al atardecer, así que tenía ventaja de un gran conocedor de la zona. Nos llevó a un mercado local, donde por la noche sirven copas a orillas del mar. Una gran velada para finalizar un gran día.

Takayama

En el corazón de los Alpes japoneses. La belleza de su casco antiguo te trasladará a otro momento de la historia y hacerte sentir parte de ella.

Por esta zona encontrarás muchos ryokanes (alojamiento tradicional japonés). De hecho, yo me quedé aquí en uno de ellos con onsen incluido, por si te interesa, puedes echarle un vistazo aquí . Un placer para el cuerpo y la mente.

Takayama
Takayama

Pasear por su casco antiguo es una delicia. Ver las casas tradicionales como tantas veces había visto en series de animación, con sus bonsáis en las entradas, y darte cuenta de que es real, que no estás mirando a una televisión o un cómic. Perderte sin mapa y encontrarte, de repente, en un mercado local donde degustar unos exquisitos pinchitos de carne de Hida amenizados por una “charanga” japonesa: la canción de “Paquito el chocolatero” en japonés tiene su punto…

Kioto

En Kioto es donde el Japón tradicional comienza. Por fin pude cumplir mi sueño de ver en directo el pabellón dorado.

Kioto
Kioto

Pasear por la orilla del rio Katsura, deleitarme con templos de tiempos ancestrales, sentirme rodeada de geishas, visitar el palacio imperial

No podía irme de Japón sin acudir a una ceremonia del té y en Kioto fue posible. ¡Qué de tradiciones encierra este bello país!

Nara

¿Has caminado alguna vez entre ciervos? Aquí será posible, porque esta especie animal convive con total naturalidad entre las personas.

Pero si esto me sorprendió nada más bajar del tren, llegar al templo de las tres pagodas o encontrarme frente al gran Budha ya me dejó sin aliento.

Nara
Nara

Hiroshima

Tantas y tanas veces hemos oído hablar de esta ciudad. En los libros de historia, pocas veces falta, pero nunca me habría imaginado lo que me encontré.

Una ciudad en apariencia moderna, con altos rascacielos, intentando sobrevivir a un muy triste pasado que marcará su carácter para siempre.

Hiroshima
Hiroshima

Un paseo por el museo conmemorativo de la paz de Hiroshima me cambió el estado de ánimo. Me considero una persona de marcado carácter fuerte: pocas veces temo a algo y casi ninguna situación me incomoda. Pero este lugar lo consiguió como muy pocos. He de reconocer que no terminé la visita completa, ya había suficiente información en mi cabeza, necesitaba salir de aquel lugar.

Miyajima

Lo de cruzar en ferry me hacía especial ilusión y estar en una diminuta isla de escasos 30 Km2 más todavía.

Cuando el ferry se iba acercando a la isla y tenía ante mi uno de los torii (puerta de entrada a los santuarios sintoístas) más fotografiados de todo Japón, ¡no cabía en mí de felicidad!

Miyajima
Miyajima

Si en Nara los ciervos campando a sus anchas me impresionaron, aquí no fue menos. Eso sí, si hay un recuerdo que me traigo con gran cariño de esta pequeña isla, fue el gran banquete de ostras que se llevó mi estómago.

 

Las dos semanas se me pasaron rapidísimo y eso que no paré quieta ni un segundo a pesar del intenso calor del mes de agosto.

Me quedé con ganas de más, mucho más: acudir a una lucha de sumo, visitar un teatro Kabuki, ver los cerezos en flor, tumbarme en las playas de Okinawa… pero estoy segura de que algún día volveré a Japón, porque allí me enamoré y si algún día me desenamoro, volveré a enamorarme contigo.

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