Nara: paraíso en Japón

El impresionante Todai-ji

Japón es, para muchos cuando viajamos por primera vez a este país, sinónimo de “cosas raras”. Nos imaginamos a personas de ojos rasgados sonriendo y haciendo fotos por doquier. Algunos incluso pensamos en Doraemon y creemos que nos darán de merendar dorayaki.

Pues bien, cuando pisé por primera vez Japón me di cuenta de que no estaba, al menos en parte, muy alejada de la realidad, porque es cierto que más de una tarde merendé dorayaki, aunque Doraemon y sus amigos no vinieron a acompañarme a la mesa, sino que además descubrí que los dorayakis estaban más ricos de lo que nunca hubiera imaginado (los de pasta de judía, algo que no había probado nunca, se acabarían convirtiendo en mis favoritos).

Pero no todo eran dorayakis en Japón. Además descubrí un Tokio de rascacielos y con gente por todos lados a cualquier horas del día (creo que nunca podré olvidar el cruce de Shibuya). Hay muchas otras cosas que tienes que hacer cuando viajas a Japón. Pero dentro de todos esos motivos, si hay una ciudad que cautivó toda mi atención, esa fue Nara.

Qué ver en Nara

Nara es uno de los puntos por los que paré en mi ruta de dos semanas en Japón y cuánto me alegro de haberla elegido como parada, ¡porque superó todas mis expectativas!

Nara es considerada una de las ciudades más bellas de todo Japón y es que, a pesar de su ubicación (es una ciudad de pequeño tamaño situada a medio camino entre Osaka y Kioto), no le hacen sombra estas dos grandes y conocidas ciudades.

Si el tiempo apremia en tu viaje por Japón, debido a su reducido tamaño, con un día en Nara, ya podrás llevarte una idea de la ciudad- Pero, por supuesto, si eres gran amante de la naturaleza y puedes disfrutar algún día más de ella, ¡te quedarás con un mejor sabor de boca!

Lo primero que te sorprenderá al llegar a Nara es su naturaleza. No dudes ni un instante en sumergirte en la preciosidad de los jardines de Isuien y disfrutar de ellos. Pasear mientras los ciervos danzan a su ritmo es un auténtico placer. ¡Pero ojo! No los hagas enfadar, que están en su hábitat natural y como a todos cuando nos molestan en nuestro espacio, ¡no sabemos cómo pueden reaccionar! Aunque están bastante acostumbrados a las personas y no suelen protestar si se les toca. Y lo mejor, ¡tomad nota! Para recibir galletas siempre están encantados. De hecho, son numerosos los puestos de la zona que tienen a la venta galletas para alimentar a los ciervos.

Ciervos en los jardines de Isuien
Ciervos en los jardines de Isuien

Muy cerca a estos jardines se encuentra la mayor y principal atracción de Nara: el Templo Todai-ji.  Este templo está declarado Patrimonio de la Humanidad junto a otros templos de la ciudad. La particularidad de este templo recae en que es el edificio de madera más grande del mundo y que, pese a los numerosos incendios que ha sufrido, aún sigue en pie. Dos son los grandes incendios que le han azotado y que han hecho que el edificio actual sea de menor tamaño que el original, pero aún así y todo, ¡sigue siendo espectacular!

La segunda particularidad que tiene este edificio es que en su interior se encuentra el Gran Buda. El daibutsu, como es conocido por los japoneses, tiene unas medidas apabullantes y fue construido para proteger a la ciudad de las numerosas epidemias y y desastres que la asolaban por aquella época (año 751 DC). Se dice que casi la mitad de la población de Japón de aquella época fue necesaria para la construcción de semejante monstruosidad (bien construyéndolo o bien con contribuciones).

Daibutsu en el Todai-ji
Daibutsu en el Todai-ji

Otro de los templos que no te puedes perder es el templo Kofuku-ji. Es un templo de la ciudad de Nara también declarado Patrimonio de la Humanidad. Y aunque su localización no es la original, ya que fue trasladado en varias ocasiones, su bella pagoda de cinco pisos te dejará con la boca abierta. Algo que llamará mucho tu atención es la estatua Kuze Kannon. Cuentan que dicha estatua estuvo escondida durante setecientos años y que ese es el motivo por el que aún conserva todo su brillo.

Pagoda de cinco pisos del Kofuku-ji
Pagoda de cinco pisos del Kofuku-ji

Y es que, continuando con la lista de templos declarados Patrimonio de la Humanidad, otro que tenéis que ir a admirar es el Santuario Kasuga-taisha, con sus muy famosas son sus linternas de bronce y piedra. Además, muchas de estas farolas son invadidas por el musgo a lo largo de los numerosos caminos del santuario que discurren próximos al bosque Kasugayama.

Ni que decir tiene que este bosque también está invadido por numerosos ciervos que, según el sintoísmo, sirven de mensajeros de los dioses, así que el respeto a los ciervos aquí ya es máximo.

Y, si quieres admirar la belleza de Nara desde las alturas, no puedes perderte el templo Nigatsu-do, aunque quizás lo mejor sea subir al monte Wakakusa.

Para terminar con los templos declarados Patrimonio de la Humanidad que forman parte del conjunto llamado “Monumentos históricos de la antigua Nara” habría también que mencionar el templo Hōryū-ji, templo Gangō-ji, templo Yakushi-ji, templo Tōshōdai-ji y los restos de palacio Heijō.

¿Qué os parece hacer una visita por Nara y combinar templos con naturaleza?

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